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Cómo la Fundación Territorial Paisano está pensando fuera de los límites tradicionales de la financiación para el desarrollo

28 Nov 2025

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La misión de la Fundación Territorial Paisano en Bogotá es sencilla: “Trabajamos juntos para construir la ciudad con la que soñamos”. Aunque todavía es relativamente joven (surgió durante la pandemia de COVID-19 y se registró oficialmente en 2022), el equipo de Paisano se percató muy pronto de las limitaciones del sistema tradicional de financiación para el desarrollo. En lugar de apoyar su labor de soñar colectivamente y fomentar un desarrollo sostenible y autónomo, el antiguo sistema, por el contrario, lleva a la competencia entre los actores, promueve  un pensamiento a corto plazo que no incorpora una visión sistémica amplia y refuerza dinámicas de poder perjudiciales. 

Entendiendo que no era necesario intentar encajar en este obsoleto “marco de financiación”, Paisano decidió desarrollar su propio modelo: uno que rompe con la lógica tradicional de la filantropía y el desarrollo, y permite la transferencia real del poder y los recursos a las comunidades en Bogotá. A continuación, desde Paisano nos cuentan cómo lo están haciendo. 

 

Somos micelio[1] en nuestro territorio.

Paisano es un organismo: un tejido de vida, colaboración y transformación que nutre, comunica, regenera y cuida la vida del ecosistema bogotano.

Nuestro micelio se extiende bajo el suelo vivo y fragmentado de Bogotá. Una ciudad diversa, paradójica y profundamente creativa, donde la vida comunitaria persiste a pesar de la distancia y las dificultades estructurales. No concebimos a Bogotá como una suma de localidades, sino como un ecosistema urbano interconectado, donde cada barrio, cada red, cada grupo humano tiene algo que aportar al bienestar colectivo. Desde las huertas en Ciudad Bolívar hasta las bibliotecas populares de Fontibón, Bogotá está llena de raíces que sostienen lo común. Nuestra tarea es reconocerlas, fortalecerlas y tejerlas entre sí.

Como el micelio bajo tierra, Paisano construye una red silenciosa pero poderosa, donde lo más importante es lo que se entreteje. No buscamos centralizar, ni protagonizar. Buscamos conectar, cuidar y sostener los vínculos que hacen posible la transformación colectiva. Nuestra red está hecha de vecin@s, organizaciones y colectivos sociales, emprendedores y empresas conscientes. Todas y todos conectados por un deseo común: vivir en una ciudad más abundante y equitativa.

Es por esto que nuestro propósito central es conectar el territorio y las personas en un ecosistema vivo de abundancia, autenticidad y propósito compartido.

Somos una comunidad tejida desde la confianza, el respeto y la convicción de que el territorio florece cuando quienes lo habitan se reconocen como parte activa de su transformación. La comunidad está conformada por: “vecis” (personas naturales que aman, habitan y sueñan su barrio o localidad); “iniciativas de la sociedad civil”[2] (fundaciones, asociaciones, corporaciones y colectivos que trabajan por el bienestar colectivo); “emprendimientos y empresas” (proyectos productivos que creen en el potencial del territorio).

En Paisano desarrollamos la teoría “Salir de la Caja”. A partir del desarrollo del Mapeo Vivo, encontramos que el actual “sistema de financiación para el desarrollo” tiene una serie de características que lo convierten en una “caja” en la que se limita la mirada sistémica del territorio y por lo tanto, el alcance de un desarrollo duradero, sostenible, autónomo y regenerativo. Muy por el contrario, es un sistema que aumenta las brechas para el desarrollo en las comunidades.

La actual “Caja de financiación para el desarrollo” opera bajo las siguientes características:

  1. Financiación con visión fragmentada: La financiación social suele centrarse en una sola población o temática, sin una mirada sistémica, ni una comprensión integral del territorio.
  2. Financiación a proyectos sin participación real: Aunque se argumenta que la financiación se dirige a proyectos para y con las comunidades, las decisiones estratégicas —especialmente las económicas— son tomadas únicamente desde los intereses del financiador. La comunidad queda excluida del proceso que le afecta directamente.
  3. Financiación que promueve la competencia en lugar de la cooperación: La financiación se maneja siempre mediante concursos, convocatorias, licitaciones que generan el efecto competencia debilitando los vínculos del sector social y promoviendo una lógica de fragmentación.
  4. Financiación con montos iguales, ante realidades desiguales: La estandarización de presupuestos ignora que las organizaciones sociales son diversas en tamaño, capacidades y alcances. Este enfoque empuja a todas a una cultura de maximización artificial para calificar.
  5. La financiación se dirige mayormente al impacto visible: Los presupuestos se destinan exclusivamente a resultados visibles en las poblaciones atendidas, ignorando las necesidades organizacionales que se derivan de la implementación de los proyectos y que demandan curvas de aprendizaje que deben tener financiación. El impacto no puede sostenerse sin el desarrollo de capacidades organizacionales.
  6. La financiación que promueve la vulnerabilización como marca: La lógica tradicional impone que los recursos deben dirigirse a “poblaciones vulnerables”, una narrativa que refuerza el estigma, inhibe el empoderamiento y perpetúa la desigualdad. Divide a las personas entre “salvadores” y “salvados”, replicando una visión colonial y asistencialista del desarrollo.
  7. Financiación de corto plazo: Cada vez más la financiación se dirige a proyectos de corta duración con grandes expectativas. Se hacen exigencias de impacto, alcance y resultados que desbordan la capacidad misma del proyecto. Adicionalmente, generan expectativas en las comunidades que se desvanecen al finalizar. Lo avanzado se pierde, queda en el limbo o, peor aún, se exige a las comunidades que lo sostengan sin recursos ni acompañamiento. En Paisano llamamos a estos proyectos “crónicas de una muerte anunciada”.
  8. Financiación bajo una relación de arriba a abajo: La relación que sostiene el financiador con la organización ejecutora, es una relación unidireccional. El financiador determina unos topes temáticos, techos presupuestales, límites de acciones y marcos de impacto y resultados. En dicha relación la organización receptora de la financiación es un “mero ejecutor” de los intereses del financiador, desconociendo sus potencialidades, experiencias, capacidades en el territorio.
  9. Financiación desde el ego filantrópico: En el modelo tradicional, uno o dos financiadores concentran el poder sobre los recursos económicos y exigen visibilidad desproporcionada como “salvadores”. Su imagen se impone sobre el proyecto y quienes lo ejecutan, desconociendo los años de trayectoria y trabajo sin los cuales su proyecto no sería posible. Además de ello, Los “salvados” son desprovistos de sus propios recursos humanos.

 

Ante esta realidad de la financiación para el desarrollo, Paisano ha desarrollado un modelo disruptivo de soluciones bacanas para salir de la “Caja”.

  1. Superamos la visión fragmentada: Construimos ciudad desde una mirada sistémica. La financiación a través de los Fondos Bacanos, promueve en las Iniciativas de la Sociedad Civil (ISC) una perspectiva de ecosistema. Desde sus propias acciones, cada ISC aporta a un paisaje colectivo: lo que se interviene en cada barrio o localidad, hace parte de una estructura mayor donde todo está conectado. Las soluciones no son aisladas, deben estar correlacionadas.
  2. Superamos la falta de participación real: Decidimos juntxs, con autonomía y corresponsabilidad. En lugar de imponer financiación cerrada, en los Fondos Bacanos las Iniciativas de la Sociedad Civil (ISC), las empresas y los vecis —quienes conocen el territorio— toman decisiones estratégicas sobre la destinación de los recurso económicos. Son ellas y ellos quienes definen el destino del Fondo, ejerciendo una participación real, autónoma y corresponsable. Aquí no hay menos protocolo, más confianza y distribución del poder.
  3. Transformamos la competencia en cooperación: No hay convocatorias, hay confianza y diálogo. En lugar de generar una competencia entre las iniciativas por recursos económicos, abrimos espacios de encuentro y diálogo honesto entre ISC. Allí se conocen, se vinculan, intercambian saberes, hacen uso eficiente de recursos y se brindan apoyo mutuo. Lo que antes dividía, ahora une. La confianza reemplaza la competencia y el resultado es una red viva de colaboración.
  4. Rompemos la lógica de “una talla para todos”: Cada quien decide lo que necesita y merece. En los Fondos Bacanos no imponemos montos iguales para realidades desiguales. Las ISC, junto a vecis y empresas deciden de forma autónoma cuánto necesitan y para qué. En lugar de adaptar sus proyectos al dinero disponible, el Fondo se adapta a las necesidades del territorio. Los recursos se asignan según necesidades reales, no por normas externas. La equidad reemplaza la rigidez.
  5. No solo financiamos resultados, sostenemos procesos: aportamos a dignificar el trabajo social. En los Fondos Bacanos entendemos que el impacto no es posible sin una base organizacional sólida. Por eso, la financiación es distribuida entre las acciones directas con las comunidades, pero también aquello que hace posible ese impacto, es decir, recurso humano, espacios físicos, equipamiento y capacidades organizacionales. Sostenemos procesos, no solo resultados, porque creemos en la dignidad del trabajo social.
  6. Reivindicamos la vulnerabilidad como fuerza de encuentro: No más salvadores ni salvados. En los Fondos Bacanos no vemos la vulnerabilidad como una falla sino como una etiqueta para acceder a los recursos. Ha sido una etiqueta que ha generado una fuerte cultura de minimización de las personas. Nosotros reconocemos la vulnerabilidad como parte fundamental y universal de la condición humana: todos y todas somos vulnerables, y es desde ahí donde podemos encontrarnos, amarnos y construir relaciones horizontales. Por lo tanto, nos alejamos de una cultura que reduce a las personas a sus carencias y las obliga a exponerse desde la miseria para ser ayudadas. Trabajamos por una comunidad donde el apoyo no se gana por mostrarse roto, sino que se muestra desde sus activos, recursos y oportunidades. Porque construimos territorio desde ese potencial, no desde la carencia.
  7. Superamos el cortoplacismo con visión de futuro: Invertimos hoy para el paisaje de mañana. En los Fondos Bacanos creemos en los procesos que maduran con el tiempo. Cada peso invertido hoy está sembrando el territorio que soñamos ver florecer en 20 años. Por eso, superamos la lógica de los proyectos de meses o años que generan expectativas y luego desaparecen sin el cuidado y respeto necesario por ls comunidades y sus sueños. Esto también implica una pedagogía constante con las ISC, porque el sistema ha instaurado una cultura de inmediatez que dificulta pensar a largo plazo. Nuestra apuesta es distinta: transformar el futuro desde el presente, con paciencia, profundidad y propósito compartido.
  8. Redistribuimos el poder económico:del ego filantrópico al aporte colectivo. En los Fondos Bacanos, el dinero proviene de muchas manos: vecis, empresas, organizaciones sociales locales, nacionales e internacionales. Al aportar, no compran poder ni reconocimiento. Ceden el ego y convierten sus recursos en bienes colectivos, gestionados con autonomía por las iniciativas del territorio.
  9. La relación de la financiación es circular y compleja: En los Fondos Bacanos no se crean topes temáticos, presupuestales, límites de acciones y marcos de impacto y resultados. La Iniciativa financiada y el financiador construyen una relación de negociación, en donde se reconocen por igual los partes de cada parte. Se desdibuja la relación de arriba a abajo y priman los intereses del territorio, sobre los de las personas.

Como el micelio nutre el ecosistema, en Paisano creemos que los recursos deben fluir, no concentrarse. A través de los Fondos Bacanos movilizamos dinero con propósito comunitario.

 

[1] Red subterránea de hongos que conecta árboles y plantas, facilitando el intercambio de nutrientes, comunicación y resiliencia en los ecosistemas.

[2] En adelante ISC.

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